Ofiuco. Un símbolo anticipatorio de muerte y resurrección

Esta nota fue escrita en el año 2011 en la página de Facebook, pero quizás recién ahora puede ser comprendida su dimensión simbólica de acuerdo a los hechos que son de público conocimiento durante los tránsitos de los planetas Saturno y Plutón en el signo de capricornio.

Como astróloga Junguiana, lo que me propongo con este texto, no es de ningún modo proponer la nueva existencia de un signo -aunque podríamos reflxionar acerca de ello-, sino comprobar cómo el inconsciente personal puede en ocasiones, conectar a través de lo simbólico con las imágenes del inconsciente colectivo. El inconsciente no conoce el espacio ni el tiempo y tal como afirmaba Carl Jung

Los símbolos son tendencias cuya meta nos es todavía desconocida. Esta idea hace alusión a que ciertas ideas inconscientes delatan su presencia mucho antes de volverse conscientes mediante símbolos, que generalmente aparecen en los sueños (1) y por que no también en nuestra realidad cotidiana. 

Sebastiano Ricci - El sueño de Esculapio - c. 1710

Sebastiano Ricci – El sueño de Esculapio – c. 1710

Una gran revolución ha producido entre Astrólogos y no Astrólogos las declaraciones de Parke Kunkle quien ha propuesto añadir a Ofiuco al Zodiaco, pasando a ser el décimotercer signo ubicado entre Escorpion y Sagitario. El argumento propuesto por el profesor Kunkle radica en que “Ofiuco” aparece desde hace tiempo en el cielo y el sol pasa desde hace miles de años por el portador de la serpiente”.

Para nosotros, quienes tomamos la división de la eclíptica en sus 12 partes para definir el zodíaco, esto no parece poseer mayor importancia. Sin embargo la Astrología parte de un análisis simbólico. En la antigüedad, el hombre observó el cielo y con su imaginación transformó a este espacio desconocido en  un telón de fondo en el cual proyectó todos los productos de la historia del alma humana. Según Jung “Todo lo desconocido y vacío se consuma por medio de la proyección psicológica: es como si se reflejara en la oscuridad el fondo del alma del observador.”[1] Y esto fue lo que sucedió: el hombre vio en la bóveda celeste y sus constelaciones el campo intermedio  entre el espíritu y la materia, la zona de penumbra, el recipiente adecuado en el cual proyectar sus contenidos inconcientes, tal como lo hicieran luego los alquimistas en la edad media.

Si  concebimos la realidad de este modo,  deberíamos preguntarnos por qué ha surgido con tanta fuerza este símbolo en este momento. Como siempre, las fuentes mitológicas son las que nos ayudan a comprender  los arquetipos provenientes del inconsciente colectivo del cual se nutren. Veamos entonces quién era Ofiuco en la Mitología.

Ofiuco en la mitología

Ofiuco en la mitología griega era Asclepio o Asclepios Esculapio para los romanos, fue el dios de la Medicina y calculación, venerado en Grecia en varios santuarios. Dice Wikipedia: “Según cuenta la mitología, Asclepio era hijo de Apolo y de la mortal Coronis. Antes de convertirse en dios fue un héroe de Tesalia. Existen varias versiones sobre el lugar y las circunstancias de su nacimiento. La más conocida es la que ha llegado a través de las narraciones del poeta griego Pindaro (siglo VI a. C.), donde narra los amores de Apolo con Corónide. Apolo dejó embarazada a Corónide y regresó a Delfos, dejándola bajo la vigilancia de un cuervo blanco o corneja. En este tiempo Corónide tuvo relaciones con el mortal Isquis. La corneja voló hasta Apolo y le advirtió de los amoríos de Corónide. Apolo maldijo al animal condenándolo a llevar en adelante el color negro en lugar del blanco y mató a Corónide y antes de que la pira funeraria la incinerase, sacó de su vientre la criatura, que sería el futuro dios Asclepio. En otras versiones se dice que Apolo pidió a su hermana Artemisa la ejecución de esta muerte.

Apolo confió el pequeño al centauro Quirón. El centauro le instruyó en las artes de la medicina y de la caza. Intervinieron en su educación Apolo y Atenea. Esta última le entregó dos redomas llenas de sangre de la Gorgona. En una la sangre estaba envenenada y en la otra tenía propiedades para resucitar a los muertos. El joven Asclepio se mostró siempre muy habilidoso y dispuesto y llegó a dominar el arte de la resurrección. Devolvió la vida a un gran número de personas importantes entre las que se encuentra Hipólito hijo de Teseo. Practicó la medicina con gran éxito por lo que le levantaron santuarios en diversos puntos de Grecia.

El poder de resucitar a los muertos fue el motivo que indujo al dios Zeus para terminar con la vida de Asclepio. El dios Zeus no estaba muy conforme con la resurrección de los mortales pues temía que se complicase el orden del mundo. Asclepio resucitó a Hipólito en Trecén (Grecia), Zeus se enfadó muchísimo y mató a Asclepio con un rayo.

Para los romanos, Asclepio se transformó en el dios Esculapio. Fue importado en el siglo III a. C. desde Epidauro, a raíz de otra epidemia de peste que hubo en el año 293 a. C. En el año 281 a. C. se levantó su santuario en la isla Tiberina. Esta isla situada en el río Tíber estuvo desde muy antiguo asociada con el arte de la curación. En época actual se conserva en ella un famoso hospital del siglo XVI.

La serpiente enrollada y los opuestos

La imagen de Ofiuco o Asclepio es la de un hombre con una serpiente que lo atraviesa. También sus atributos se representan con serpientes enrolladas en un bastón, piñas, coronas de laurel, una cabra o un perro. La serpiente es una animal astuto, escurridizo que se mueve ágilmente tanto sobre la tierra, como debajo de la superficie.   Ha sido y es una imagen muy poderosa en casi todas las culturas. En Occidente simboliza el mal, pero en otras culturas contiene en sí los opuestos.

La serpiente enrollada es un motivo alquímico muy conocido y analizado por Carl Jung.  En Piscología y Alquimia Jung hace alusión al proceso de unión de la conciencia con lo inconciente como un momento no muy agradable en el cual pueden aparecer animales venenosos como el dragón, la serpiente, el escorpión, etc. También señala que el devorador de su propia cola (uroboros de la alquimia griega) es un hermafrodita y como tal está integrado por contrastes. Sin embargo, aunque se trata del símbolo de la unión de los opuestos por excelencia no solo se caracteriza por la unión, sino por la disputa de los elementos entre sí.Por un lado, es un veneno mortal, un basilisco y un escorpión; por otro, la panacea y un salvador.”[2] En este sentido, según Jung, la sombra sólo resulta peligrosa cuando no le prestamos la debida atención pero al mantener una relación correcta con ella, el inconsciente deja de ser un monstruo diabólico. [3]

El número 13 y su simbología

Si esta constelación fuera tomada como un nuevo signo pasaría a romper con la armonía del 12, un número que se encuentra muy presente en nuestras vidas, como los doce meses, los doce signos, las doce notas musicales, los doce apóstoles, etc. A diferencia del número 12, el 13 es un número muy temido y con una connotación sombría. En el Tarot, la carta número 13 está representada por la Muerte y se ubica luego de la carta de El Colgado. El Colgado nos anuncia que ha llegado el momento para comenzar a observar nuestra realidad interna y la que nos rodea desde otro ángulo. Nos enfrentamos con la ilusión o Maya, el velo que cubre la realidad.

La Muerte del Tarot nos advierte de la necesidad de un cambio de conciencia  y la integración de nuevas formas (de vida, de pensamiento, de filosofías, etc). Es decir, al igual que Ofiuco o Asclepio tiene la función de sanarnos, transformarnos y resucitarnos, aunque no sin antes habernos contactado con la experiencia dolorosa de la pérdida. A partir de la carta de la Muerte ya no podremos ver solo a través de nuestros ojos personales. La Muerte no hace diferencias y nos alcanza a todos, incluso a Ofiuco, el Dios que tenía en don de la resucitación. Al mismo tiempo nos resulta tan misteriosa que nos obliga a hacernos preguntas. ¿Somos realmente finitos? Y si no lo somos, ¿qué significa realmente la muerte?  Es interesante observar que en numerología, si tomamos el número 13 y sumamos sus partes obtenemos el cuatro, (el regreso a la unidad).

Luego de este análisis simbólico, es posible que muchos hayan sacado sus propias conclusiones. Mi intención al escribir este texto es el de abrir nuestra mente y plantear algunas incógnitas: ¿Qué estructuras se están rompiendo?  ¿Qué se está transformando?  ¿Qué nueva conciencia es posible?

esculapio hermes

El bastón de Esculapio (Aesclepes) y el caduceo de Mercurio (Hermes) 

(Siempre ha existido una gran controversia centralizada sobre el tema de cuál símbolo debe representar de una manera definitiva y real a la profesión médica)

Texto escrito en el mes de enero de 2011. Autora, Bárbara Levis Stewart. Prohibida su reproducción sin citar fuente y autor.
[1] [2] Carl G. Jung. Psicología y Alquimia.
[3] Encuentro con la sombra. Connie Zweig.